Sobre pruebas de traducción se ha escrito mucho (aquí, aquí, aquí y aquí) y muy bien. Sin embargo, en todo lo que he leído, siempre he echado algo en falta o ha estado disponible en diferentes ubicaciones. La semana pasada estuve haciendo bastantes pruebas (algunas para clientes muy chulos e importantes
) y, como no quería que nada saliera mal, me hice una checklist con todo lo que he aprendido leyendo por Internet y todos los (muchos) errores que he cometido alguna vez. Espero que os sea útil
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1. Organizar tu tiempo:
Para cada prueba se dispone de un plazo de entrega diferente, que depende de la extensión de esta, la temática y las características de cada cliente. Como mínimo, os diría que, para una prueba de traducción estándar de 300 palabras, yo pediría un plazo de entre 48 y 72 horas. De esa forma, si la prueba nos llega un lunes a primera hora, tenemos tiempo de sobra para traducirla, revisarla y mirarla con tranquilidad. Además, si entra algún proyecto urgente o surge cualquier imprevisto, tendremos margen para acabarla sin problema. Después de todo, nuestro futuro cliente no va a tener la mejor de las impresiones si antes de trabajar con él ya estamos entregando fuera de plazo.
2. Justifica tus decisiones:
En muchas ocasiones, nos limitamos a hacer la prueba y enviarla. Teniendo en cuenta que lo más habitual es que nuestro cliente trabaje con decenas de traductores y que reciba cientos de solicitudes de colaboración, no viene mal marcar la diferencia siempre que podamos. Además de entregar una traducción perfecta, no viene mal incluir algún comentario como extra sobre aquellos aspectos de la traducción que puedan ser más interesantes o discutibles. Si hemos utilizado un término “extraño” o recurrido a una traducción bastante libre, puede ser interesante describir el procedimiento que hemos seguido y argumentar nuestras decisiones. A menudo, muchas traducciones se descartan porque quien las revisa no comparte el criterio del traductor (aunque la decisión sea correcta e incluso tratándose de cuestiones de estilo o decisiones preferenciales). Sin embargo, si explicamos al revisor por qué hemos hecho lo que hemos hecho, aunque no comparta la decisión tomada, seguramente apreciará nuestra profesionalidad.
3. Decisiones terminológicas:
Todas las decisiones terminológicas deben basarse en un mínimo de dos fuentes fiables. Esto no siempre es lo posible, aunque sí lo ideal. Recordad que la Wikipedia, aunque es un recurso 2.0 muy estiloso y súper chulo, no es una fuente fiable. Sirve como punto de partida, pero no como argumento para tomar una decisión definitiva. Por otro lado, si el cliente nos proporciona algún recurso de terminología, lo utilizamos aunque no nos guste. Otra cosa es que podamos añadir un comentario indicando por qué otra opción terminológica sería más recomendable según nuestra opinión. Tened en cuenta que, a veces, es más importante respetar las indicaciones del cliente que utilizar una terminología correcta, ya que hay casos en los que se utilizan términos incorrectos a sabiendas (sobre todo, porque se llevan utilizando 10 años y, por motivos de coherencia, no se pueden modificar los materiales.
4. Consultar a expertos:
Hay ocasiones en las que las búsquedas terminológicas terminan en un callejón sin salida y sin ninguna solución (o peor, con mil soluciones). En esos casos, es perfectamente justificable pedir cita para el médico de cabecera y llevarse el portátil a la consulta (ojo, caso real), asaltar a un pobre profesor universitario de ingeniería para que nos ilustre o bajar al final de la calle y preguntarle a tu mecánico que te explique la diferencia entre rodamiento y cojinete.
5. Consultar a compañeros:
Cuatro ojos ven más que dos. Por eso, si no estás muy seguro de tu traducción o si se trata de un campo en el que aún te estás asentando, no es mala idea pasársela a un compañero con más experiencia que tú en ese campo para que te comente sus impresiones. Ojo, no estoy diciendo que os haga otra persona la prueba. Simplemente, es interesante conocer el criterio de otro profesional. Criterio que, por supuesto, podéis compartir o no.
6. Corrector ortográfico y de gramática:
¿Hay traductores que no pasan el corrector de Word? La lógica me diría que no. La revisión de 20 mil palabras que me comí la semana pasada me dice lo contrario. Pasad el corrector. Es gratis, no duele y el corrector de la prueba os lo agradecerá. Hacer un buscar y reemplazar para eliminar dobles espacios y espacios después de salto de párrafo tampoco hace daño.
7. Dejar descansar la prueba:
¿Alguna vez habéis traducido un texto y, al cogerlo unos días después, habéis encontrado errores o habéis cambiado la redacción del texto? Tranquilos, porque es lo más normal del mundo. La calidad de un texto varía en función de factores como haber traducido por la mañana en lugar de por la tarde o de lo cansados que estuviéramos. Si os podéis permitir el lujo, traducid un lunes, revisad un martes, consultad a expertos y compañeros un miércoles, dejad descansad el texto un jueves y revisad definitivamente y enviad un viernes. Una prueba de traducción es una gran inversión y se merece todo el tiempo que podáis dedicarle.
Si queréis utilizar esta checklist, podéis descargala en formato PDF para imprimirla. Y si creéis que falta algún punto, ya estáis tardando en comentar
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La industria de la traducción y de la localización está sujeta a cierta temporalidad. Si bien no tenemos tantos vaivenes en el volumen de trabajo como en sectores como el turismo, lo cierto es que hay ciertas épocas del año en las que se suelen concentrar mayores cantidades de trabajo (por ejemplo, agosto y las vacaciones de navidad, cuando todo el mundo está fuera y muy pocos están dispuestos a trabajar).
En el mismo sentido, este mes de enero que está a punto de acabarse suele ser una época en la que pueden pasar días, incluso semanas, sin que nos llegue trabajo a la bandeja de entrada. Aunque solemos ser unos quejicas y amargar a todos los que nos rodean cada vez que esto sucede (pasa exactamente lo mismo cuando nos encontramos en la situación contraria y el trabajo nos sale por las orejas), hay que ver estos días de inactividad como una oportunidad para poner al día nuestro negocio. En lugar de pasar los días sin trabajo tumbados en el sofá o sentados en un banco de la plaza, os propongo las siguientes 6 actividades para ocupar esas horas muertas:
- Buscar nuevos clientes: con nuestro ritmo de trabajo diario, no solemos tener ni tiempo ni ganas para buscar clientes nuevos con los que complementar nuestra cartera. Unos días de inactividad pueden ser el momento perfecto para esta tarea. Después de todo, tener clientes extra nunca viene mal y siempre es mejor decir que no que tener que escribir a una agencia para recordarle que estás disponible. Además, tener acceso a nuevos clientes puede ser muy positivo en términos de tarifas (empresas que paguen más que las actuales con las que trabajamos), de términos de cobro (misma tarifa pero cobro en menos días y con un método más favorable o cómodo para nosotros) o incluso para diversificar nuestra actividad. Por ejemplo, aunque me dedico principalmente a traducir temas de IT, traducción médica, técnica y localización, he aprovechado la última semana para contactar con varias empresas de localización de videojuegos porque me haría mucha ilusión trabajar en ese campo. Además, es una forma de incrementar el número de cosas que hago y, si mañana la traducción técnica paga un bajón, siempre tendré una alternativa a mano.
- Diversificar nuestra actividad: en línea con lo anterior, es importante plantearse si el motivo por el que no nos entra trabajo es por una cuestión de estacionalidad o por algo más. Si trabajamos traduciendo novelas y llevamos seis meses sin que nos entre un encargo, quizá sea el momento de pulsar el botón del pánico. Si no os va bien como traductores y sois conscientes de que el motivo por el que no os entra trabajo es exclusivamente atribuible a vosotros, tenéis dos opciones: seguir negando el problema o plantearos otra actividad. Los licenciados en TeI somos gente extremadamente versátil, con un perfil que nos permite dedicarnos a una amplia gama de actividades. Si la traducción no os da de comer, quizá sea el momento de probar con la corrección, la enseñanza, el turismo, la asesoría a empresas en materia de internacionalización o mil alternativas más que están ahí afuera a vuestra disposición.
- Estudiar nuestro negocio, elaborar estadísticas y fijar objetivos: ¿cuánto hemos ganado el año anterior? ¿cuánto prevemos ganar este año? ¿cuál ha sido la productividad? ¿qué aspectos pueden mejorarse? A menudo, estamos tan ocupados que no dedicamos tiempo a cuidar la salud de nuestro negocio. Quizás nuestro equipo es un poco lento y sea el momento de ampliar la memoria RAM, de instalar un nuevo disco duro o de adquirir uno nuevo. Puede que la herramienta de TAO que utilicemos comience a estar desfasada y necesitemos una nueva. También podemos hacer cuentas y ver cuánto ganamos, cuánto podemos ganar, si hay deducciones posibles por gastos que no estamos aplicando o si ha surgido una línea de subvenciones a la que podemos acogernos. En resumen: cuanta más información tengamos sobre los aspectos no relacionados con la traducción de nuestro negocio (la gestión)
- Dedicar tiempo a formarnos: ¿cuántas veces habéis querido hacer un curso, asistir a un seminario o hacer cualquier otro tipo de actividad formativa y no habéis tenido tiempo porque estabais ocupados trabajando? Una semana libre puede ser una oportunidad para ponernos al día con la nueva herramienta de traducción del mercado, para asistir a un curso organizado por alguna asociación o, simplemente, para dedicar tiempo a la formación autodidacta. Otra posibilidad interesante es utilizar el tiempo libre para crear un plan de formación propio para todo el año. Por ejemplo, en mi caso, todos los años me planteo, como mínimo, asistir a un congreso y acudir a un curso de formación para ponerme al día de las novedades. Después de todo, la formación es la mejor inversión que podemos hacer siempre.
- Hacer networking: en estos diez días de sequía, el poco trabajo que ha entrado ha venido de la mano de Twitter y de LinkedIn. No es la primera vez que digo que tener contactos de todo tipo es esencial, así que, si habéis descuidado este aspecto, esos días sin trabajo pueden ser un buen momento para acudir a un encuentro de traductores, crearnos un perfil en Twitter o en LinkedIn.
- Aprovechar el tiempo libre: porque a veces estamos tan absorbidos con nuestro trabajo que descuidamos a la persona más importante: nosotros. Los días sin trabajo son el mejor momento para leer nuestro libro favorito, dar un paseo, quedar con amigos o incluso irse de vacaciones
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Por suerte, las rachas de poco o ningún trabajo se pasan pronto (hoy ya estoy de nuevo hasta las cejas). Así que, si os sirve de recomendación final y aunque nos quejemos mucho cuando no entra trabajo, a menudo tener tiempo libre no viene mal, sobre todo si le sacamos partido
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