En la entrada anterior, pudimos comprobar que el tema de las tarifas siempre levanta pasiones y genera un debate muy animado. En ese sentido, creo que es interesante que hablemos sobre este tema, no solo en las reuniones de profesionales de la traducción (donde aparece de forma recurrente), sino de forma pública, en la Red, con el fin de que todos podamos beneficiarnos. Por un lado, los más novatos van a poder completar su visión del mercado con el trayecto de los más experimentados, mientras que estos últimos, que pueden pensar que no tienen nada que aprender, pueden adquirir nuevos puntos de vista o comprender mejor por qué tienen lugar determinadas prácticas en materia de tarifas entre los más novatos.

A pesar del interés de este debate, de que nos afecta a todos y de que va en beneficio de la comunidad de profesionales que contemos con la información más completa posible, a la hora de la verdad muy poca gente se pringa y da cifras concretas. Si buscamos en foros, blogs y similares, fuera de los encuentros cara a cara en los que las palabras se las lleva el viento, muy pocos se atreven a decir algo como “yo cobro tanto de media para tal combinación, mi tarifa más alta suele ser esta y mi tarifa más baja suele ser esta otra”. Hay varios motivos para que esto sea así. Algunos afirman que haciendo pública una tarifa media, limitamos nuestra capacidad de negociación de cara a futuros clientes. Por otro lado, también existe el miedo ante las reacciones de otros profesionales, que podrían pensar que cobramos una tarifa muy alta o muy baja (siendo esto último lo más habitual). Cuando esto sucede, como fue el caso en la entrada anterior, lo habitual es encontrar actitudes educadas, algunas constructivas, de forma que cada cual piensa lo que cree mejor sobre este tema. Sin embargo, también encontramos a algunos, pocos pero están ahí, que tienden a envenenar el debate. A esas personas son a las que llamo “inquisidores”.

Los inquisidores de las tarifas son aquellas personas que, cuando se encuentran a una persona que afirma que cobra menos de X,XX, sacan la escopeta y se ponen a disparar sin ton ni son, clamando a Cthulhu ante tal herejía. Normalmente se recurre a un argumentario de lugares comunes, tales como “esas tarifas son bajísimas”, “yo nunca cobraría eso”, “estás reventando el mercado”, “la profesión pierde prestigio”, etc. Estas personas no se paran a pensar ni en circunstancias personales ni tipos de proyectos o grados de dificultad (ni en el daño que hacen). Más allá de la frontera de X, es el momento de las hogueras.

No son las tarifas, son la rentabilidad

El verdadero problema de todo el debate de las tarifas es que estamos utilizando una unidad de medida equivocada para determinar si tenemos un nivel de ingresos adecuado para vivir de forma digna como traductor. Afirmar con voz autorizada que 0,05 € es una tarifa baja es como decir que 4 millones de parados es una barbaridad. Como todo, depende del contexto. 4 millones de parados es muchísimo en España, mientras que en Alemania es una cantidad razonable y en Estados Unidos algo ridículo. Del mismo modo, para afirmar que 0,05 € es una tarifa alta o baja tenemos que compararla con un marco adicional que nos permita realizar comparaciones. Cuántas horas voy a tardar en este proyecto. Cuántas palabras puedo hacer a la hora en esta especialidad. De esta forma, vamos a poder establecer comparaciones válidas de cara a nuestro bolsillo.

Un ejemplo rápido: una tarifa de 0,05 € para 1.000 palabras es interesante si se trata de la ayuda de una página Web con la que estamos familiarizados. Se trata de un texto sencillo, poca terminología y podemos sacar con tranquilidad 500 o 600 palabras a la hora. Frente a eso, 0,05 € para un ensayo clínico sobre miocardiopatías es algo ridículo, teniendo en cuenta que no vamos a poder hacer más de 200 palabras a la hora, de que la terminología es compleja y que el texto final tiene que enviarse impoluto y más libre de errores que nunca.

Dejemos por tanto de hablar de tarifas y comencemos a hablar de euros/hora y euros/palabras/hora. Así, vamos a poder plantear  recomendaciones más interesantes a otros profesionales cuando nos pregunten sobre si una tarifa es adecuada y, del mismo modo, tendremos argumentos con los que defendernos frente a cierto tipo de ataques.

“Puedes negociar cuando tienes las espaldas cubiertas o el cliente te necesita: para todo lo demás, ajo y agua”.

Esta frase se la he cogido prestada a @ralogo70 de su Twitter, porque me parece que ilustra a la perfección la realidad de los profesionales novatos. Cuando los traductores con menos experiencia acceden al mercado, lo hacen en inferioridad de condiciones, porque:

  • Tienen que hacerse un hueco en el mercado, consiguiendo experiencia poco a poco para acceder a más clientes, para a su vez tener un mayor margen de elección y de negociación que les permita conseguir rentabilidades más interesantes.
  • Tienen que compatibilizar lo anterior con comer (porque tenemos la mala costumbre de disfrutar de desayuno, comida y cena a diario).

Compatibilizar estas dos situaciones es, como mínimo, complejo, y en la mayoría de casos lleva a que tengamos que aceptar tarifas y rentabilidades más bajas. Hay profesionales que claman contra esto y lo consideran como la mayor traición a la civilización occidental. Otros pensamos que, cuando se empieza, no queda otra que tragar con lo que hay. Si durante el primer año enviamos 1.000 CVs, puede que nos respondan 100 clientes, de los cuales 10 nos propongan pruebas y terminemos trabajando para 2 o 3 (puede parecer una exageración pero creedme, la tasa de “noes” el primer año es desoladora). Si a esos 3 les pedimos una tarifa media, en lugar de algo que se acerque más a nuestra experiencia y poder de negociación, lo más probable es que nunca abramos camino en el mercado de la traducción.

Mi consejo sobre esto y opinión personalísima: no os preocupéis y aceptad lo que podáis, siempre y cuando os permita, como mínimo, cubrir gastos y sacar algo de beneficio. No digo que trabajéis por 0,02 como indios o asiáticos. Con eso no se vive en España. Sin embargo, 0,04 puede ser aceptable durante un tiempo, por mucho que los inquisidores se os echen encima (cuando ellos mismos sean los primeros que, cuando no tienen más remedio, las aceptan). Todos queremos rentabilidades altísimas pero no es realista pensar que podemos conseguirlas desde el primer momento.

Un profesional experimentado puede revisar tu trabajo

Quienes hablan de tarifas en lugar de rentabilidades, defienden que una alternativa para los profesionales novatos es pedir lo mismo que sus compañeros con más experiencia, destinando parte de los beneficios a que un revisor con experiencia le eche un ojo a su trabajo antes de entregarlo al cliente. Es una solución interesante… pero no es realista. Supongamos que un traductor novato, en su primer año como autónomo, encuentra a un cliente que está dispuesto a pagarle 0,08 por una traducción inglés > español. ¿Por qué el cliente contrataría a un novato cuando el experimentado, que puede ofrecer un mejor servicio, trabaja por el mismo precio? Como podéis ver, es una idea bien intencionada, pero que no puede funcionar en el mercado.

El primer año toca economía de guerra

Otro de los puntos que surgieron en el debate de la semana pasada es el de la “economía de guerra” que los novatos tenemos que implementar. A menos que tengamos unos padres generosos, una abuela rica o una pareja con un sueldo abultado, las únicas inversiones que podemos plantear para nuestro negocio son aquellas que sean productivas a corto y medio plazo. Si empiezas, lo normal es que no tengas ingresos, de ahí que las inversiones a largo plazo no tengan tiempo. Inversiones no recomendables: asociaciones de traductores, páginas Web o asistir a congresos de pago. Inversiones recomendables: materiales de promoción de bajo coste (tarjetas, blogs, redes sociales, páginas Web en plataformas gratuitas) y formación (sólo cuando aporte una diferenciación clara o permita acceder a un mercado al que no se tiene acceso en la actualidad. En definitiva, los recursos durante el primer año son escasísimos, como en la guerra, de ahí que haya que invertirlos con mucho cuidado y sabiduría.

En definitiva

Si alguien piensa que continuo con este debate por el gusto de tener bronca, os aseguro que no es así. Lo que quiero es defender que, frente a cierta “línea de pensamiento oficial” sobre las tarifas, me gustaría dejar claro que hay otros puntos de vista que mantienen tanto novatos como profesionales experimentados, que pueden compartir algunas de las ideas que dejo hoy por aquí y que en muchas ocasiones no sacamos a la luz por tener la fiesta en paz.

Todos somos (mini)empresas y tenemos derecho a fijar nuestras tarifas de forma libre, sin que se nos critique por ello. Jugamos con el libre mercado y el precio es una variable más (algunos no quieren enterarse y siguen defendiendo conceptos medievales como gremios y colegios).

Todos somos (mini)empresas, aunque algunas más minis que otras y no todos tenemos acceso a las mismas opciones. Un traductor con 20 años de experiencia puede permitirse que no trabaja por menos de X. Ole. Me encanta que sea así y espero que todos lleguemos a ese punto en el que podamos cobrar mucho, tener rentabilidades altas y hacer muchos euros con poquitas palabras. Otros no somos tan afortunados de tener tanta experiencia y hemos accedido al mercado en uno momento difícil. No solo por la crisis, sino porque la industria de la traducción es cada vez más compleja: aprietan los clientes finales, aprietan los grandes LSP y aprietan las agencias, de forma que el margen se reduce cada vez más y hay que reinventarse ante tanta competitividad. En esa jungla, los novatos puede que lo tengamos más difícil que los novatos de hace veinte años.

Por último, ya para terminar, me gustaría que si este debate tiene que servir para algo es para perder la hispánica costumbre que tenemos de no hablar de dinero. Una de las pocas cosas que admiro de los estadounidenses es que puedan hablar sobre cuánto ganan y cuánto cobran sin ruborizarse. Sin duda, ser sinceros, no mentir al decir lo que cobramos y trabajar para que la información sobre tarifas sea la más exacta posible es un camino que sólo puede llevarnos a que todos podamos trabajar y ganar más para vivir mejor.

PS: Miento cuando digo que no se habla sobre tarifas:

 

31 comentarios en “¡Es la rentabilidad, estúpido!”

  1. Pues claro que sí, Olli. Yo he tenido trabajos a 0,05 y 0,06 donde el texto era tan fácil (no es que fuera fácil en sí, pero era mi especialización) que cobraba 40 € la hora perfectamente pese a ser mis principios. Ahora voy pidiendo más por el mismo tipo de textos porque creo que aporto un servicio que debe ser pagado en consecuencia, pero está claro que al principio uno se siente inseguro y tiende a pedir menos.

    El paso del tiempo te da experiencia de traducción… y de negociación. Nada te impide pedir más de primeras y a veces lo conseguirás si te sabes vender bien. El problema es que a veces un complemento necesario para venderte bien es que necesitas esa experiencia. Al final cobra más quien se sabe vender mejor. E, irremediablemente, te podrás vender mejor si antes has trabajado por un precio más módico y tienes experiencia demostrable.

    Tengo claro que me es más rentable un trabajo en el que “vuelo” (y sí, los clientes están contentos porque me lo dicen, no es que pasen) y me pagan a 0,07 que uno más complicado en el que me pagan a 0,10. El título ilustra perfectamente esto.

    Algunos dirán que cómo es eso de traducir 700 palabras con una buena calidad, así que digo de antemano que, si estás muy familiarizado con el texto, se puede hacer y tener al cliente contento. Al igual que hay diferencias en lo que uno cobra, hay diferencia en lo que uno traduce a lo largo del día. Y no porque uno sea más rápido es peor ni porque uno cobre 0,05 está ganando menos en la práctica.

    Un saludo,

    Pablo

  2. Ante todo, gracias por reabrir el tema y por dejar que se debata, a los que estamos a las puertas del trabajo nos viene muy bien saber cómo se mueve el mundo y qué opiniones tienen tanto los veteranos como los menos veteranos :) .

    Solo hay una cosa que no entiendo muy bien: si alguien con mucha experiencia puede cobrar más, ¿por qué dices que si eres especialista en algo hay que cobrar menos porque puedes hacerlo en menos tiempo? Eso me cuesta verlo porque todo lo invertido en especializarte también debería formar parte de alguna manera de los gastos de producción.

    Algo con lo que sí que estoy de acuerdo es con lo de que los principiantes cobren igual que los veteranos. Si bien es cierto que los clientes se pueden conseguir por muchas vías, la experiencia es un grado y esto es así.

    En fin, está genial que se hablen estos temas, que no sean tabú, que las cifras, pues cifras son (recordando «El principito») :) .

    Un saludo y mucha suerte con todo.

    • Olli dice:

      ¿Lo he dicho? Creo que no :D . Lo que quiero decir es que, seas veterano o novato, no hay que centrarse tanto en el valor absoluto de lo que ganas, sino en la rentabilidad que te da. Generalmente, a más experiencia, más rentabilidad (que suele ir asociada a una mayor tarifa, aunque no en todos los casos).

      • Habré entendido mal, pues :)

        En eso estoy completamente de acuerdo, ahora en la universidad nosotros lo vivimos con las prácticas: todo el mundo quiere tener experiencia, aunque eso suponga que al principio haya que cobrar menos.

        • Olli dice:

          Creo que la mejor opción para conseguir prácticas es primero prácticas y luego intentar conseguir un puesto en plantilla. Aunque parezca que no, hay empresas que prefieren meter a gente con poco currículum para poder formarlos a su gusto.

          • Absolutamente de acuerdo con Olli. Aunque suponga arrojar piedras contra mi propio tejado empresarial, porque lo que queremos es que la gente esté tiempo con nosotros, la manera más rápida de formarse es en una empresa. A partir de ahí ya podrás volar con más seguridad…

            Y es verdad: la mayoría de los becarios que hemos tenido no tenían ninguna experiencia y muchos funcionaron muy bien, incluso mejor que otros que iban de figuroes…

  3. Se nota que estoy acelerado… xD “Servcio”, no “serivicio”. Y con lo de “El título ilustra perfectamente esto” me refería al título de la entrada. :P

  4. María dice:

    No creo que se trate de avivar la bronca, sino, como bien dices, de escuchar con respeto todas las opiniones. Yo como traductora “novata” he tenido que tragarme infinitos sermones sobre el daño que hacemos a nuestra profesión devaluando tarifas, pero hasta ahora, nadie con experiencia había defendido ante todo la rentabilidad.

    Para comenzar, pienso que un traductor bien asentado no debería irritarse tanto, puesto que cuenta con una cartera de clientes con los que ya ha negociado tarifas y dificilmente van a verse obligados a reducirlas de golpe. Aparte, tampoco se tiene en cuenta que al comenzar en el mundo profesional, la gran mayoría de nosotros no vamos a lanzarnos a la aventura de traducir ensayos clínicos o patentes, por lo que, para un texto que no nos requiera gran esfuerzo, una tarifa baja puede ser perfectamente rentable y contentar al cliente.

    Siempre es bueno conocer las dos versiones. Muchas gracias por la aportación.

    Un saludo,
    María

  5. Elizabeth dice:

    Muchas gracias por tu entrada, Olli. Estoy preparando una serie de artículos para responder a un comentario que recibí el otro día en el blog, pero me gustaría aprovechar algunas de las ideas que tengo para plasmarlas aquí en respuesta a algunas de tus afirmaciones.

    Entiendo tu punto de vista sobre el argumento de la revisión por un traductor experimentado, pero si una agencia te pide una prueba y la pasas, está diciéndote que te considera apto para hacer un trabajo. Y dudo mucho que los grandes LSP tengan tarifas premium para los traductores con 20 años de experiencia, al menos en las lenguas más comunes y en los temás más habituales. La cuestión es que, junto con la posedición, ese es el futuro de la traducción industrial y poco podemos hacer para cambiarlo. Cada uno es libre de fijar sus tarifas y siempre puede haber hordas de traductores que emigren a la India para poder cobrar 0,02 y vivir estupendamente. ¿Qué haríamos entonces en Europa?

    En cuanto a las dificultades actuales para abrirse camino, creo que hace veinte años había mucha menos gente dispuesta a trabajar como traductor. O traducías libros y alguna cosa más o te dedicabas a la enseñanza si te gustaban los idiomas. El archivo de mensajes de Traducción en España puede servir de radiografía del sector en los últimos 15 años en nuestro país. Internet y la globalización han permitido que la traducción se profesionalice y ahora es más fácil trabajar como traductor, se mire como se mire. Más demanda, mayor oferta.

    Por otro lado, empezar cualquier negocio es muy duro y deberíamos planteárnoslo de una manera más empresarial. Siguiendo con tu analogía de la guerra, uno no va al frente si no cree que tiene alguna posibilidad de ganar. No digo que haya que comprarle las armas a Tony Stark, pero hay que invertir en ciertas cosas y tener un fondo de maniobra. O al menos eso es lo deseable. La mentalidad de “ir tirando” es lo que hace que mucha gente luego se desanime.

    Si comparamos la traducción con otras profesiones con “más prestigio” como la abogacía o la medicina, se puede llegar fácilmente a la conclusión de que uno no se monta una consulta o despacho para “ir tirando”, ya que la inversión es considerable y hay que tener muy claro qué se quiere conseguir y en cuanto tiempo. ¿Por qué a los traductores nos cuesta tener la misma mentalidad?

    Volviendo al futuro de la traducción industrial, creo que el problema está en que para los grandes LSP ya no es un valor añadido tener conocimientos informáticos o de idiomas: eso ya se da por hecho en la actualidad. Lo que me lleva a la clave de todo negocio: diferenciación y encontrar al público objetivo.

    En mi opinión, ahora es un buen momento para que empiecen a florecer cada vez más los perfiles de traductores con dos titulaciones universitarias como mínimo. Con los grados, la formación universitaria es muy general y el mercado fuera de la traducción industrial demanda traductores muy especializados.

    Ahora mismo estoy a punto de empezar la tesis, pero no sé si sería mejor retomar mi segunda licenciatura…

    • Pablo Bouvier dice:

      Totalmente de acuerdo, Elizabeth. Acabo de responder exactamente lo mismo, en otras palabras (¿qué me recordará a mi ahora esta expresión…? :) ), en un comentario del blog «El traductor en la sombra» de Isabel Cutillas. Hoy, los conocimientos idiomáticos e informáticos ya no son un valor añadido, porque se dan por supuestos.

      El problema (y, en esto, ciertos sectores han jugado [y juegan, aún hoy en día,] un papel muy sucio…), es que el gran público no es capaz de distinguir el bagaje cultural cuasi enciclopédico que se requiere para ser un/a traductor/a profesional y el que se requiere para ser una persona con conocimientos idiomáticos.

  6. Pablo Bouvier dice:

    No voy a entrar de nuevo en el debate de las tarifas. Es un debate, tan cansino como recurrente, cuya conclusión tengo clara hace muchos años: «el precio o tarifa aceptable de una traducción es aquél/aquella que, tanto el traductor, como el cliente quieran aceptar».

    Tampoco voy a demonizar a los traductores noveles que quieran adquirir experiencia sobre la base de precios más moderados, Pero, hay que pensar que «toda acción tiene una consecuencia lógica» y que, si la consecuencia no nos gusta, lo lógico es cambiar de actitud.

    Para un servidor, un traductor novel o un traductor veterano, tienen «exactamente la misma valía», siempre y cuando «hagan un trabajo profesional de calidad equivalente», y por el cual los traductores noveles, no solo pueden (sino que merecen) cobrar los mismos precios que los traductores veteranos.

    En cuanto a los traductores «bien asentados» son, salvo contadísimas excepciones, simplemente, un mito. Los traductors noveles tienen dificultades para introducirse en un mundo laboral muy competitivo, en una época de crisis económica como la actual, al igual que los más veteranos las tienen para adaptarse a una realidad rápidamente cambiante, si quieren sobrevivir a largo plazo.

    Es lo que Darwin llamaba «selección natural»…

  7. Con cero tiempo para explayarme más por el momento, paso brevemente para respaldar el comentario de Pablo: <> Totalmente de acuerdo. ¿O acaso le dicen al cliente “mire que estoy recién recibido, por eso le cobro menos. No espere un trabajo de calidad porque no tengo experiencia? Si ofrecemos un servicio, debemos cobrar como profesionales. La traducción no es un commodity, no vendemos nuestro tiempo ni palabras, ofrecemos un servicio y nuestro conocimiento, no se puede cuantificar el valor de la experiencia. Los que hacen referencia a la “competencia del mercado” y su ferocidad para justificar el cobro de tarifas bajas ignoran (no se dan cuenta) de que esa coyuntura está dada porque detrás de él hay muchos más dispuestos a trabajar a toda costa por tarifas bajas. Es un círculo vicioso. Hoy me sirve cobrar 5 porque pago las cuentas, pero cuando mañana quiera cobrar más, no voy a poder porque habrá otro que cobre lo mismo o menos que yo. Ojo, es un juego peligroso. Yo no demonizo ni critico pero sí muestro que hay otro camino y que se puede empezar en la profesión con el pie derecho. El resto de las afirmaciones son buzones que venden las agencias explotadoras o los vivos que se llenan los bolsillos a costa del trabajo del traductor. Hay mucho trabajo y bien cobrado, solo hay que saber buscarlo. Vuelvo más tarde con otras reflexiones.

  8. Olli,
    Gracias por incluir mi post en las referencias. Estamos fundamentalmente de acuerdo tú y yo aunque me parece que el problema para hablar de dinero muchas veces va más allá de la costumbre latina de no hablar de dinero :)
    A veces tenemos miedo que que un número frío, no explicado, fuera de contexto, provoque errores en los que empiezan o falsas impresiones en los experimentados. La rentabilidad, como tú bien dices, es el punto clave aquí. Si mi tarifa me permite mantener unos ingresos 200 por ciento por encima de la renta media del país donde vivo, entonces es muy buena. Los mercados extranjeros son otro asunto. Uno que me ha traído algunos debates un poco amargos últimamente. Hay quién cree que tenemos que pedir permiso para practicar nuestros precios en un mercado en el que no vivimos. Yo no pienso así.
    Un saludo y muchas gracias por un post tan lleno de argumentos y detalles.

    • Efectivamente. Ese es quid de la cuestión: el número frío, que no explica muchos porqués y muchas situaciones…

      Rentabilidad, sin duda, es la palabra que tenemos que declinar en todos sus casos. Incluso en algunos casos nosotros hemos presupuestado a un cliente una solución completa a precio cerrado, y no por palabra. Ojalá ese fuera el futuro. Ahí se vería claramente el efecto de la rentabilidad, casi al momento y proyecto a proyecto.

  9. Leon dice:

    Me he guardado la entrada en la lista de artículos para leer con más detenimiento (también los comentarios). Solo quería hacer una puntualización, ya que dices:
    “Si buscamos en foros, blogs y similares, fuera de los encuentros cara a cara en los que las palabras se las lleva el viento, muy pocos se atreven a decir algo como yo cobro tanto de media para tal combinación.”
    Y esto no es cierto. Tú mismo estás (o has estado) en la lista Traducción en España y has visto los debates que hemos tenido :) ) Pienso que es diferente cuando se debate entre profesionales en un ámbito profesional restringido que cuando se propagan tarifas por Twitter o donde sea… Porque la persona no experta no hace el mismo análisis de la situación que nosotros.
    La persona no experta busca en Google “tarifas de traductores” se encuentra tu entrada y luego van a una empresa y les ofrecen 0,05 la palabra porque “es lo que cobra Olli Carreira” o “es lo que dicen en este blog” (tampoco se leen el artículo con mucho detenimiento). Y si a la empresa le ofrecen 0,05 — ¿El traductor cuánto ganará? En fin, creo que hace años que no cobro una tarifa de 0,05 y si leyeras los mensajes de Traducción en España verías que hubo un consenso en que la tarifa de “mínima dignidad” empezaba a partir de 0,06… No es cierto que no se hable de tarifas :)
    Por mi parte las tarifas que tengo establecidas actualmente apenas son rentables y en todo caso tendría que subirlas porque antes era freelance como tú y no tenía muchos costes pero ahora tengo personal a mi cargo, hay un valor añadido porque tenemos traducción + revisión por otra persona y hay una oficina y una atención al cliente desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche… Y eso cuesta mucho dinero en España porque los costes y gastos de todo lo demás no me lo rebajan, así que yo no puedo rebajar.
    De hecho, si hace ocho años ya pagaban esas tarifas que citas en la práctica ha habido una rebaja de tarifa porque el coste de la vida ha subido, pero las tarifas no. De modo que hay una rebaja constante a la baja de las tarifas…

  10. Aída Ramos dice:

    Buenos días, Oliver:

    Muy interesante, y muy cierto. Con lo que no estoy de acuerdo es con que las asociaciones de traductores entren en la categoría de inversión no recomendable, pero para gustos los colores… y al fin y al cabo se trata de ver qué le funciona a cada uno tras un arduo proceso de ensayo y error ;)

    Feliz martes,

    Aída

    • Olli dice:

      Hola Aída:
      Por supuesto, yo hablo desde mi experiencia e igual hay quien forma parte de una asociación desde el primer segundo y le viene muy bien. Yo he sido socio de Asetrad desde 2010 y no creo que me haya aportado nada (más allá de poder desgravarme el gasto). Ni siquiera he podido aprovechar la inversión, porque cada vez que ha habido un curso interesante, era en Madrid, lo cual os viene muy bien a los de la capital (pero los de provincias también existimos ;) ).

  11. Francamente yo creo que las tarifas que propones, Olli, son muy bajas y no veo cómo se puede hacer frente a los gastos de la vida diaria con ellas. Sobre todo si se tiene en cuenta que el volumen de trabajo que se tiene, incluso si practicamos esas tarifas, muchas veces no es muy grande.
    Ahora bien, eso es una opinión, no un cálculo. Si a los colegas los cálculos les funcionan con esas tarifas entonces ya es asunto de cada uno. No me meto en eso. No estoy de acuerdo en que todas las asociaciones sean iguales y poco recomendables. Eso es generalizar demasiado. Lo que sí creo es que las tarifas no son cosa de asociaciones. Es asunto de cada traductor.
    Un saludo y gracias por compartir!

  12. Buenos días Oliver:

    Estoy de acuerdo contigo, lo importante es la rentabilidad. Por eso también comparto la idea de que el debate sobre las tarifas por palabra, aunque sea muy apasionante, no nos conduce a ningún sitio. Perdóname si introduzco un pequeño giro en el debate. El verdadero debate que, en mi humilde opinión, deberíamos iniciar en esta profesión es: ¿por qué cobramos por palabra? ¿es que los traductores “vendemos” palabras? ¿por qué la práctica totalidad de los traductores nos sometemos a un sistema de facturación tan injusto y pernicioso como éste? Me explico:

    1. Cobrar por palabra es injusto porque no permite reflejar muchas de las actividades que realizamos y que son necesarias para la traducción: convertir el texto a un formato traducible, elaborar glosarios o buscar terminología, maquetar tablas, revisar, editar, resolver problemas de redacción, etc.

    2. El precio por palabra no nos permite diferenciarnos, nos iguala a todos en una especie de medida “estandarizadora” que, claramente, nos perjudica. Es más, induce a los clientes a realizar una fácil y equívoca comparación de profesionales basándose solo en el precio.

    3. El precio por palabra es demasiado obvio y directo. Tanto, que suele plantearse, casi siempre, al principio de cualquier encargo. Alguien que sepa un poco de márquetin y ventas te dirá que, en un proceso de venta de servicios hay que empezar siempre hablando de la calidad de lo que vendes y terminar hablando del precio. Solo así puede el cliente percibir el “valor” de ese precio.

    4. Cobrando por palabra permites al cliente intervenir en el proceso de elaboración del presupuesto. Como ya sabe las palabras a traducir, solo necesita tu precio por palabra y es capaz de decirte lo que tienes que cobrarle. Incluso, puede darte él mismo el presupuesto sin enviarte el texto.

    5. El precio por palabra hace que el cliente pueda discutir contigo el coste de la traducción con argumentos tan peregrinos como: “bueno pues, si me cobras por palabra traducida, entonces no me cobres las palabras repetidas, al fin y al cabo, ya las has traducido una vez y no tienes que volver a hacerlo ¿no?”; o “bueno, entonces no me cobrarás los números ¿no?” y cosas similares que, seguro, todos hemos experimentado alguna vez.

    Estoy convencido de que los traductores no “vendemos” palabras, prestamos “servicios” profesionales basados en nuestros conocimientos y experiencia. Este tipo de servicios se cobran por horas de trabajado, de toda la vida. Entonces, ¿por qué no lo hacemos? Facturar por horas puede tener algunos inconvenientes, pero tiene muchas ventajas que explico:

    1. Es más justo, tanto para nosotros como para el cliente. Para nosotros porque refleja el tiempo efectivamente dedicado a un proyecto. Para el cliente porque paga por tu trabajo real y, si eres más rápido, él paga menos.

    2. El precio por hora te diferencia, pues tu hora de trabajo es única e intransferible. En ella se incluye tu formación, especialización, experiencia y cualificaciones. Eres tú y solo tú quien puede fijar ese precio en base a todo lo anterior y a tus necesidades de vida.

    3. El precio por hora no es tan evidente, pues no es fácil convertirlo en un presupuesto. El cliente debe saber otras cosas y esto te permite hablar con él y explicarle por qué tus servicios de traducción son diferentes a los demás.

    4. No permite al cliente fijarte de antemano el presupuesto, pues solo tú sabes las horas que vas a dedicar a un proyecto y solo tú puedes dar ese precio después de ver el documento o documentos a traducir. El proveedor es quien debe fijar el precio del servicio que presta, y no el cliente.

    5. El precio por hora no se discute, se acepta o se rechaza, pero no se puede rebatir tan fácilmente. Eres tú quien lo ha fijado y nadie puede decirte que lo has hecho mal. Puedes negociar determinados aspectos con el cliente, como la forma de pago, o un determinado descuento por fidelidad o volumen o por lo que tú quieras, pero no induce a un regateo absurdo.

    Los clientes deben saber que no traducimos palabras, traducimos sentido. Y esto es una tarea compleja que hay que pagar. Creo que, solamente si nosotros empezamos a valorar más lo que hacemos, el mercado lo hará después. Pero nunca a la inversa. No creo que los clientes se vayan a despertar un día diciendo: “esta gente hace algo muy valioso y complejo, deberíamos pagarles mejor y no discutir tanto sus precios”.

    Nosotros hemos comenzado a intentar darle la vuelta a la tortilla del precio por palabra. No con todos los clientes claro, esto es difícil y será largo. Pero, hasta ahora, no hemos perdido ningún cliente por ello y a los que se lo aplicamos no se han quejado. No sé qué opináis vosotros, pero creo que deberíamos abrir este melón y avanzar hacia otro sistema de cobro más justo y adaptado a los servicios de traducción. Perdona si no era por aquí por donde querías llevar el debate, pero me ha parecido oportuno plantearlo.

  13. Dan Newland dice:

    Estimado Olli:
    Estoy, totalmente de acuerdo con Lorena Vicente. Hay traductores experimentados hoy en día que tienen que pelearla con uña y diente para cobrar tarifas más bajas que las que yo cobraba ya a fines de los años ’70 y principios de los ’80. Esto no es una exageración, sino un hecho. Y los que recién comienzan están siendo forzados a cobrar verdaderas miserias a título de “ganar experiencia”. Una cosa es que un novato cobre uno centavitos menos que alguien con 20 o 30 años de experiencia, y enteramente otra que esté forzado a trabajar por un centavo de dólar la palabra para “bolseros” mayoristas que pagan a profesionales universitarios como si fueran mano de obra no capacitada y tratan a la traducción como si fuera un commodity a granel que se puede vender por tonelada. Además, al aceptar tarifas tan bajas “para ganar experiencia”, los novatos estos se cortan las propias venas, desangrando el mercado para que, cuando ya tengan la experiencia necesaria, el nivel de las tarifas “de mercado” estará tan deprimido que no podrán ganarse la vida en su profesión.
    En mi opinión, es un hecho vergonzoso que existan traductores con años en esta profesión que hayan sido tan inocentes, tan obsecuentes o tan interesados como para “comprar”, y, peor aún, difundir los argumentos que hacen al negocio de los que buscan justamente que nos convirtamos en una especie de paria profesional. Argumentan que la MT y los programas de memoria traductoril nos hacen el trabajo más fácil y más rápido. (Claro, que como todos los avances tecnológicos deberían ser para aliviarnos y dar nos más tiempo para estudiar, descansar y estar con nuestras familias, no para hacer el doble de trabajo por la mitad de la tarifa – entregando, además las “memorias” que deberían ser nuestra propiedad, al eventual “cliente”: léase bolsero mayorista). Argumentan la marcha de la globalización. (La traducción no es, repito, un commodity, ni un producto de consumo masivo, como esas horrendas sillas de plástico moldeado con las cuales la “globalización” ha sembrado el mundo desde Alaska hasta Cabo de Hornos y desde Los Ángeles hasta Pekín; es una profesión, un arte, o por lo menos una artesanía, un trabajo creativo e intelectual que requiere, como dijo el colega Pablo Bouvier, de estudio constante de derecho, literatura, artes plásticas, música, periodismo, historia, economía, etc., cuando no sea una ciencia, que requiere de estudios en tan extensos campos como el ambientalismo, la arquitectura, la construcción, la química, la energía nuclear, la biología, la medicina, la física, etc. etc. Es también una actividad profesional que requiere de una actualización constante de hardware, software, capacitación, y otros elementos afines.
    O sea, el tiempo, energía, y dinero que uno invierte en esta profesión – asumiendo que uno sea un profesional en serio – tienen correlación con las inversiones que otros profesionales en todos los campos que nosotros traducimos deben afrontar. Sin embargo, esos profesionales – ingenieros, arquitectos, abogados, médicos, científicos, etc., etc. – han ido avanzando en su estándar (y calidad) de vida en las últimas décadas, mientras que nosotros hemos permitido que gente que no es de nuestro gremio, gente comerciante mayorista que nos considera sólo como un elemento más que se debe abaratar al máximo para que su “negocio” sea altamente rentable, se adueñara de nuestra actividad. Buscan esclavizarnos y marginarnos cada vez más, y a los que nos hemos mantenido independientes, buscan apartarnos del mercado por completo, estrangulando las tarifas cada vez más hasta que decidamos buscar otra manera de ganarnos la vida, aún con 20 o 30 años de profesión a cuestas.
    Acá hay una sola verdad: Si tengo que trabajar cada vez más horas y cada vez más días y producir cada vez más palabras por mes para ganar lo mismo que ganaba hace 5, 10, o 20 años – más allá de que no vaya a poder seguir manteniendo la calidad, de que no vaya a poder disfrutar de la vida como cualquier otro profesional, de que no vaya a poder pagar los costos de vida que suben a diario, o de que mi calidad de vida será cada vez más paupérrima – alguien en algún lado se está haciendo rico a costillas mías. Y si no hago nada para defender la profesión, para estimarme a mí mismo, para unirme con otros profesionales y enfrentarnos a los bandidos que se han adueñado de nuestro mercado, entonces, amigo, soy un obsecuente, un otario y un idiota.
    En otras palabras: It’s the economy, Stupid!!!!
    Gracias por permitirme dar mi punto de vista, Olli, y le deseo suerte en su vida profesional con esto de justificar lo que, a mí manera de ver, es injustificable.

  14. María Marta Semberoiz dice:

    Olli, sólo paso para dejar mi absoluto respado a lo expresado por Dan Newland y Lorena Vicente. ¡Saludos!

  15. Hola, colegas.

    Como Lorena, estoy con muy poco tiempo en este momento, pero no quiero dejar de expresar mi total acuerdo con lo dicho por Dan, Lorena y Pablo. No se debe trabajar a tarifas bajas (por más novato que uno sea) porque la diferencia entre lo que el ‘bolsero’ le paga al traductor y lo que le cobra al cliente final es ENORME y se la guarda en el bolsillo el agenciero explotador. De esto, no hay dudas.
    Saludos.

  16. Pablo dice:

    Estoy de acuerdo con lo expresado por Dan y quienes lo apoyan. Me consta que muchos clientes pagan a los agencieros un monto que no guarda relación alguna con lo que se paga al traductor, que –y disculpen que lo diga así– es quien realmente TRABAJA. Es inaceptable que haya intermediarios de intermediarios para un proyecto, que el cliente original pague en la vecindad de 20 centavos de dólar y al traductor (al menos al sudamericano) le lleguen 3 (con suerte). Oliver, respeto tu opinión y lo que escribes, la idea de considerar los trabajos por su rentabilidad es, obviamente, muy buena, pero tampoco deberíamos regalar el trabajo cuando hay gente que vive bien, trabaja 6 horas por día y se va a las Bahamas a vacacionar (caso real) mientras que a uno no le alcanza ni para quedarse una semana en un motel de ruta. Desgraciadamente, al aceptar trabajos como esos, seguimos perpetuando este modelo y alimentando la estructura que permite a los agencieros ofrecer tarifas cada vez más bajas. Por más que solo los novatos acepten estos trabajos, todo el tiempo surgen nuevos novatos, y la estructura se mantiene. Por eso es que muchos de los “inquisidores”, como los llaman, sufren tamaña alteración de la presión sanguínea cuando se enteran de estos casos: porque ven el panorama general y se dan cuenta de lo que está pasando.

  17. Alicia Dakota dice:

    Interesantísimo debate para todo el sector, incluidos nosotros, los estudiantes.
    Desgraciadamente, aún no puedo aportar mucho al mismo, solo añadir que haré todo lo posible por no tener que verme obligada a realizar la denominada “economía de guerra”. ¿Qué será difícil? Seguro. Pero hay que ser optimista y no parar de luchar, ni rendirse. Y repito, no tengo ni idea, lo sé, y por eso no quiero seguir comentando, pues creo que son otras personas las que pueden aportar una opinión de valor a este debate.
    Solo añadir que me parece una buena idea la que propones, Fernando Cuñado.

    Mil gracias a todos.

  18. Petrus O'Beinsligh dice:

    Discrepo con tu afirmación de que los novatos son los únicos que pueden permitirse bajar las tarifas. Creo que todos tenemos que hacerlo y no por gusto. Yo soy el primero que dice que no deberían bajarse, pero las empresas y los particulares quieren ahorrarse el máximo posible y, entre dos traductores con similar CV, elegirán el que les ofrezca un céntimo menos, a pesar de haber colaborado con el más caro y de que los proyectos de este fueran impecables. Somos demasiados profesionales y no hay suficiente trabajo para todos, así que se bajan las tarifas para seguir trabajando, no para fidelizar a nadie, porque en el momento en que alguien lo haga más barato que tú se olvidarán de ti. Tengo un colega con 15 años de experiencia a quien desde hace un par de meses no le enviaban nada porque se negaba a bajar de los 6 céntimos. Al final tuvo que transigir… Eso por no hablar de los clientes que te mandan una solicitud de presupuesto y, como no respondas en el momento, ya te dicen que se lo han dado a otro (sí, amigos, los teléfonos inteligentes y la hiperconexión global nos están deshumanizando cada vez más, aunque también me ha pasado que me digan eso para, a continuación, reenviarme el mismo mensaje pidiendo presupuesto porque se han olvidado de borrarme de la lista de distribución. Tanta transparencia da gusto). Ya no se entiende que alguien no consulte el correo electrónico cada 10 minutos o que pase una semana entera desconectado porque su salud mental lo necesite, y menos aún lo entienden las empresas esclavistas… pero bueno, la culpa es de la gente, que es tan boba como para creerse que un iphone es la repera cuando en realidad es una tontería esclavizadora.

    Así que, al final, a las empresas les importamos un comino a menos que se lo hagamos lo más rápido y barato posible, y nuestra respuesta es intentar pisotear a otros para quedarnos una miserable tajada, que es a lo único que podemos aspirar.

    • Olli dice:

      Hola Petrus:

      Gracias por tu comentario. Es un punto de vista muy interesante, aunque hay cosas en las que no estoy de acuerdo. Para empezar, hablas de nuevo sobre tarifas y, como comentaba en mi entrada, estamos utilizando una herramienta de medida errónea. Podemos decir “llevo diez años cobrando seis céntimos” y pensar que es algo negativo, pero igual la pregunta debería ser “¿gano más o menos dinero que hace diez años?”. Porque gracias a cosas como tener más experiencia o contar con mejores herramientas de trabajo, igual el resultado final en nuestra cuenta bancaria es el mismo.

      Sobre los clientes que buscan traductores cada vez más baratos, claro que están ahí, pero también te digo que hay clientes que buscan calidad y que están dispuestos a pagarla, así que menos llorar y más buscar ;) .

      Por último, no creo que la bajada de tarifas se deba a un problema de desequilibrio de oferta y demanda (es decir, que haya muchos traductores para poca tarta). El mercado de la traducción cada vez es mayor y la demanda de traductores no se igual a la oferta ni de coña. Es decir, no hay suficientes humanos en el mundo para traducir todo el contenido que se genera. Por ese motivo se han desarrollado tecnologías como las CAT y la MT. Por supuesto que ahorra dinero, pero también nos abre nuevas ooportunidades de negocio. Lo importante es adaptarse poco a poco a los cambios de la industria y ver qué podemos ofrecer a nuestros clientes, así como cambiar estos cuando no nos interesen más.

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