Reflexiones sobre la blogocosa
Es curioso que te inviten al ENETI como “experto” y al final seas tú el que más aprenda de la sala. Son las cosas que pasan en los saraos de traducción, como comenta Pablo Muñoz. Aunque disfrutamos de magníficas charlas, todas ellas muy interesantes, si me tengo que quedar con alguna, elegiría la mesa redonda sobre blogs y redes sociales que, yours truly, humildemente compartió con Eugenia Arrés y Javier Sánchez. Se habló mucho, largo y tendido sobre temas muy diferentes pero, sin duda, creo que el punto estrella tuvo lugar cuando se debatió sobre la pregunta estrella que esta semana parece estar circulando por toda la blogocosa de la traducción.
¿Existe una burbuja de blogs de traducción?
Aunque es un tema del que llevaba tiempo queriendo hablar, no acababa de animarme, pensado sobre todo en la perspectiva de que cualquier intento de análisis sobre tan bonito fenómeno acabaría conmigo en el papel de señor vejete (27 ya es una edad curiosa), apedreado por la juventud superpopera. Sin embargo, acontecimientos recientes (este y este) me han animado a asumir el riesgo de gritar “Jehová” en mitad de la sesión de lapidación de las 5. Sean clementes.
Nos preguntamos si hay burbuja de blogs cuando en realidad a lo que nos referimos es a si existen demasiadas bitácoras dedicadas a la traducción. Demasiadas es una palabra curiosa, porque implican que algunas sobran, como si todo este mundillo de la blogocosa fuera un Torremolinos lleno de pisos en el que no cabe un adosado más. El hecho objetivo es que, si comparamos el panorama actual con 2006, cuando empecé a escribir, claramente hay muchísimas más. A modo de ejemplo, os dejo una gráfica que preparé para la mesa redonda sobre blogs y redes sociales que organizó APTIC en noviembre de 2011. Para elaborarla, utilicé la búsqueda de Google con restricción temporal por años desde 2006 con los términos “blogs de traducción” y salió esto. Puede que el método no sea muy riguroso pero, al menos, obtenemos una bonita tendencia al alza, que se dispara a partir de 2009.
¿Por qué tantos blogs de repente?
Hay muchos académicos que han intentado explicar este fenómeno: desde quienes lo relacionan con la variabilidad en la intensidad de las tormentas solares a quienes lo inscriben en una desviación de la teoría de Leipzig-Westinghouse sobre el uso de botellas de gran tamaño llenas de alcohol en espacios abiertos. Servidor, al que la traductología y lo epistemológico le causan ictericia, cree que ha habido tres motivos para que la “burbuja” comience a hincharse a este ritmo:
- Publicar un blog es más fácil que comerse un yogur de fresa: hace unos años, la única forma de montarse una página web era contratar un hosting (carísimo), un dominio (no tan caro pero también estaban por las nubes) y diseñar una web (algo que solo estaba al alcance de los que sabían manejar Dreamweaver, para todos los demás quedaba Frontpage y sus maravillosas páginas 1.0). Sin embargo, desde 2008 en adelante, servicios como Blogger o WordPress (especialmente este último), han permitido que cualquier persona con conocimientos básicos sobre el manejo de Internet pueda estar blogueando en cinco minutos. A todo esto, se le une el auge de las redes sociales (en especial Twitter), que ha permitido que la difusión de los contenidos de la blogocosa (que antes dependía principalmente del blogroll y de enlazar contenidos similares para que la comunidad supiera de ti) sea mucho más efectiva.
- Hay muchos más saraos de traducción que antes: hace unos años, el summun de los encuentros era un congreso especializado en determinada materia (de carácter académico) o el encuentro anual de Asetrad. Más allá de este tipo de encuentros, había un gran vacío que no quedaba cubierto. Me refiero a los eventos de formación específica para profesionales, así como a los encuentros dirigidos específicamente a estudiantes con el fin de facilitar la inserción profesional. Del mismo modo, algunas organizaciones han entendido muy bien la demanda por parte de sus socios (y no socios) de organizar todo tipo de encuentros y reuniones para cubrir necesidades específicas. En este marco, algunos (entre los que muy humildemente me incluyo) hemos hablado de las bondades de tener un blog, de la presencia en Internet, del networking y de ser activo en las redes sociales.
- La brecha digital: los profesionales que han nacido antes de 1980 no han sido nativos digitales. Es decir, han aprendido a utilizar las nuevas tecnologías, en el mejor de los casos, después de la universidad. Frente a esta situación, los bebés de las nuevas generaciones han tuiteado su parto desde el útero de sus madres. Lógicamente, los más jovenzuelos se sienten como en su salsa en el manejo de blogs, redes sociales, foros y similares.
¿Y cual es el problema de todo esto?
Que haya muchos blogs sobre traducción no es un problema en sí. En todo caso, es un buen síntoma, ya que denota el interés de muchas personas en nuestra profesión y en compartir sus experiencias con la comunidad. Sin embargo, algunos creen que el problema de este auge “descontrolado” radica en que la mayor parte de los blogs sobre traducción que se crean son iniciativa de estudiantes. Y para algunos, esto supone algunos problemas:
- ¿Qué tiene que aportar un estudiante?: algunos profesionales con bastante experiencia creen que los estudiantes no tienen nada que aportar al mundo profesional de la traducción. Después de todo, la mayoría no saben qué es un recuento, Trados o cómo crear un auto reply en la cuenta de correo electrónico.
- El contenido publicado es repetitivo, de mala calidad o directamente plagiado: no voy a negar que, en algunos blogs, esto es cierto. Se repiten temas, la calidad de la redacción a veces deja mucho que desear y se han dado casos de plagio, algunos vergonzosos y que han llevado a algunos a afirmar que todo esto de la blogocosa se descontrola y necesita cierto tipo de regulación.
Diferentes visiones, la necesidad de formar y el dilema de la visibilidad y la profesionalidad
Frente a quienes opinan que un estudiante no tiene nada que aportar, mi postura personal sería responderles que se quiten las anteojeras de burro. Si los debates se llaman así es porque todo el mundo puede aportar ideas. Y si tenemos que definir la blogocosa de alguna forma, sin duda se trata de un debate gigantesco en el que todos aportamos nuestros puntos de vista y nuestras experiencias. Puede que lo que yo te cuente no te sirva de nada, aunque quizá le salve la vida a otra persona. A veces, cuando crecemos, nos olvidamos de que antes de llegar a frailes hemos sido monaguillos. Y a más de uno nos hubiera encantado disponer de toda la información con la que cuentan ahora los estudiantes. Asimismo (y que alguien me corrija si me equivoco), hasta la fecha, estar al día de lo que se publica en los blogs de traducción no es obligatorio (al menos, mientras el PP no modifique el código penal para ello, dadles tiempo). Por tanto, si a alguien no le gusta lo que se publica sobre determinado tema, es tan sencillo como cerrar los ojos, apretar fuerte el ojete los dientes y salir a la calle a dar un paseo para relajarse.
Todo lo anterior no quita que sea cierto que se están publicando contenidos repetitivos, de baja calidad y, en algunos casos, que plagian el trabajo de otras personas. Frente a esto, lo único que nos queda es trabajar de forma conjunta y ejercer una labor formadora, sobre todo con los más nuevos, haciéndoles entender que, si se han publicado veinte entradas sobre el mismo tema, quizá lo mejor sea tratar sobre otra cosa o plantear un enfoque nuevo. Hay que dejar muy claro que la presencia en Internet no es algo que tenga que darse a toda costa y que, cuando tenga lugar, tiene que ser impecable. Que los textos mal redactados y llenos de faltas de ortografía solo contribuyen a que nuestros potenciales clientes salgan disparados en la dirección opuesta cuando se planteen contratar nuestros servicios. Por último, creo que tenemos que ser inflexibles con el plagio y dejar claro que no es una práctica aceptable en ningún ámbito, sea el académico o sea el de la blogosfera. Sin embargo, en este último punto, también quiero defender a los más jóvenes. Se los ha acusado en muchas ocasiones de plagiar indiscriminadamente, aunque luego también tenemos casos de profesionales más creciditos que se fusilan contenidos de compañeros de traducción y de profesores de universidad sin despeinarse lo más mínimo.
Respecto a la visibilidad, solo voy a citar lo que siempre me repite mi amiga Eugenia: “Ser visible solo quiere decir que sabes venderte muy bien en Internet. Hay gente muy buena con una presencia impecable en Internet. Hay profesionales terribles que han vivido de su imagen durante los últimos 20 años. Y hay dioses de la traducción que no tienen blog. Ni Twitter. Ni Facebook.”.
¿Por qué algunos profesionales perciben la “blogocosa” como una amenaza?
Eso tendríais que preguntárselo a ellos. Para mí, Internet es lo mejor que se ha inventado después de las croquetas (y de la comida gratis). Es una herramienta que ha revolucionado la forma en que nos relacionamos y en que trabajamos. En ese sentido, hay quien se siente amenazado por todo este invento, del mismo modo que se sintió amenazado cuando surgió la traducción automática, cuando se inventaron las herramientas de traducción asistida o cuando comenzaron a venderse los primeros ordenadores. Hay gente a la que le asusta lo nuevo. Eso no es ni bueno ni malo. Sin embargo, les diría que la tecnología no es ni positiva ni negativa en sí. Si te facilita la vida, úsalo. Si no, a otra cosa.
Quitando a los luditas que odian las máquinas pensantes y que creen que Trados se sublevará un día à la Skynet, creo que la mayor parte de quienes perciben la blogocosa como algo negativo entienden que se puede estar dando una imagen negativa de la profesión por parte de quienes participan en ella. Como he mencionado anteriormente, esto en parte es cierto. Hay que cuidar que quienes entran a participar en la blogocosa entiendan que hay unas normas de juego mínimas, pero que merece la pena cumplirlas. También es cierto, por otro lado, que hasta hace nada, la imagen de la profesión era algo monolítico, fijo, estático (y si me lo permitís, con olor a viejo) que controlaban un bunker de profesionales. Entiendo que parte de esta amenaza radica en el hecho de que estos ya no son quienes establecen lo que es bueno, bonito y correcto, y que ese proceso se ha descentralizado en cierto modo para ser más abierto y más democrático.
Entonces, ¿qué va a pasar con todo esto?
Nadie lo sabe. Pensad que Internet no comenzó a utilizarse de forma masiva hasta la primera década de este siglo, que Facebook solo tiene cinco años de vida y que, cuando yo estudiaba, tener una cuenta de Hotmail era lo más.
Nadie sabe si mañana seguiremos escribiendo blogs, si pasará de moda o si surgirá una nueva herramienta que nos mande a todos los blogueros al paro. Incluso así, me voy a atrever a hacer un par de predicciones:
- Quienes escribimos en esto porque nos gusta, seguiremos haciéndolo porque nos lo pasamos bien y porque disfrutamos con ello. Y si a alguno no os gusta lo que publicamos, os recuerdo eso tan bonito de es mi blog y me lo follo cuando quiero.
- Quienes no comparten sus ideas en la blogocosa… bueno, seguiremos sin saber lo que piensan porque seguirán metidos en su bunker. No es algo ni bueno ni malo. Insisto, tener un blog no es obligatorio. Hay quien no tiene blog porque odia la tecnología, porque no tiene tiempo o porque no le apetece. Cada uno, que haga lo que le permita ser feliz.
- Quienes han construido una imagen pública en torno a la blogocosa y “viven” de ella, tendrán que plantearse que, para seguir en esa línea, tendrán que renovar contenidos, innovar y plantear nuevos enfoques. Y aquí dejadme que haga una aclaración. Frente a quienes maldicen a los llamados “traductores Bling”, a mí no me parecen algo ni positivo ni negativo. Cada cual se gana la vida como puede y, si bien tengo mi opinión personal sobre el tema (yo no serviría para ser “Bling”), eso no implica que tenga que haber censura ante estos enfoques profesionales.
- La burbuja explotará. Hay dos verdades tan aplastantes como la gravedad en este fenómeno: los blogs tienen una altísima tasa de mortandad en su primer año de vida y la traducción es una profesión muy meritocrática. Eso quiere decir que, en un margen de tiempo no demasiado lejano, aquellos que comenzaron un blog porque pensaron que era la mejor forma de obtener trabajo o quienes se han visto deslumbrados por el fenómeno “saraos+blogosferismo” terminarán dejándolo. Sucederá lo mismo con quienes plagian o quienes publican contenidos de mala calidad. Tenemos poco tiempo y estamos infoxicados (y esto es una tendencia general en Internet y no específica de la blogocosa). Lo último que puede permitirse un traductor profesional es perder el tiempo en contenidos que no aportan nada.
Epílogo: unas recomendaciones
Al principio de esta entrada, dejé caer que no había tratado este tema antes por miedo a que algunos entendiesen que percibo esta efusión de blogs como una amenaza. Todo lo contrario. Me encanta que la gente se anime a participar en la blogocosa y que aporten sus puntos de vista. Y me gusta tanto que termino con mi lista personalísima de blogueros que creo que llegarán muy lejos y a los que los más “mayorcitos” tendremos que dejar paso antes o después porque vienen pisando fuerte:
Mi presentación en el ENETI 2012
Si has venido a mi charla en el ENETI y te ha gustado lo que he contado o si no has podido venir y tienes curiosidad, aquí tienes mi presentación
.




