
Vía Elena e Iris, me entero que me han nominado al One Lovely Blog Award. ¡Y yo con estos pelos! ¿Dónde está mi cámara? “Quiero agradecer a la Academia este premio que tanto me merezco…” Ah, espera, que no funciona así XD.
Las nominaciones de este premio funcionan así: respondes a las preguntas de la persona que te nominó y, a continuación, planteas once preguntas nuevas y nominas a once personas. ¿Y por qué no 42? Puede que porque once sea primo. O no, que yo soy de letras. En cualquier caso, ahí van mis respuestas:
1. ¿Por qué ese nombre al blog?
Tiene una explicación mitad friki y mitad de odio a la lingüística. Cuando estaba en primero de TI, odiaba la asignatura de lingüística. Aunque teníamos un profesor adorable, estaba todo el día “Saussure esto, Newmark aquello, Chomsky lo otro…”. Nuestro preferido era Chomsky, porque sacaba una teoría por año que contradecía todo lo que había dicho hasta ese momento. Con las coñas, empezamos a decir cosas del tipo “¿Por qué? Porque lo dice Chomsky”, “que venga Chomsky y lo vea” o “Chomsky me puede comer todo el Totoro”. Hasta ahí, la segunda mitad del nombre. La primera mitad viene de los títulos de los episodios de The Big Bang Theory. Todos son del tipo “The Big Bran Hypothesis”, “The Cooper-Hofstadter Polarization” o “The Dumpling Paradox” y, como me encantaban, me inventé mi propio “título de episodio”: La paradoja de Chomsky.
2. ¿Cuál es tu verdadera vocación?
La traducción me encanta, así que podríamos decir que es mi verdadera vocación. Sin embargo, también me habría encantado ser médico. De hecho, cambié de opinión en febrero del año que hacía Selectividad, porque la profesora que me daba química estaba loca, se dedicaba a no hacer nada en clase y no tenía nivel para poder pasar el examen (mucho menos para seguir las clases en la universidad). Eso sí, no descarto estudiar la carrera cualquier día de estos por gusto.
Otra de las cosas que me encanta es la investigación y la docencia. Sé que nunca podré dar clase en la universidad, pero a pesar de ello, me encantaría hacer una tesis y doctorarme, aunque también sea por gusto.
Conclusión: voy a tener una jubilación muy entretenida
.
3. Di tres cosas de tu día a día en el trabajo que te encantan.
Me encanta no tener horarios y la libertad que da ser profesional autónomo. Puedo levantarme un día tarde si quiero o no trabajar e irme a un congreso, de viaje o con una amiga a tomar café toda la tarde. También me encanta eso de traducir hoy sobre salchichadoras, mañana sobre refrigeradores industriales y pasado sobre lubricantes anales. Es una forma increíble de aprender día a día sobre temas muy diferentes y para la gente curiosa como yo, este trabajo es porno para el cerebro. Por último, me apasiona cuando puedo dedicar muchísimo tiempo a una traducción y dejarla perfecta. Por ejemplo, hace unos meses, hice una prueba de traducción médica para un cliente y pude dedicarle una semana. Orgásmico.
4. Ahora di una que no soportas.
Tener que madrugar. Y las rachas de trabajo en las que trabajas diez horas diarias durante una semana seguida. Hacen que llegues a odiar este trabajo por momentos.
5. ¿Te ha costado mucho encontrar clientes? ¿Por qué?
La verdad es que he tenido bastante suerte y, en los dos años que llevo trabajando como autónomo, he conseguido trabajar para algunas agencias que me envían trabajo de forma habitual (lo que te garantiza cierta seguridad). Además, ha sido increíble haber podido participar en proyectos para gente tan potente como Pinterest o Airbnb (con los que sigo trabajando en la actualidad).
Sin embargo, sí es cierto que no he conseguido diversificar todo lo que me habría gustado y, a lo largo de estos dos años, en el mejor de los casos he tenido ingresos de cuatro o cinco clientes en el mejor de los casos y muchos meses solo de dos. Es algo que me quita un poco el sueño, porque el cliente que un mes te paga cuatro mil euros, al mes siguiente te paga cero y entonces te ves con una mano delante y otra detrás. Por eso, no hay que dejar de buscar clientes en todo momento, aunque nos salga el trabajo por las orejas. Y soy el primero al que se le olvida sacar tiempo para una tarea que es esencial para poder sobrevivir a largo plazo como freelance.
6. ¿Qué consejo darías a un recién licenciado?
Trabaja, trabaja, trabaja y trabaja. No dejes de hacer cosas. Y cuando llegues a casa destrozado, ponte a pensar en qué es lo siguiente que vas a hacer. Nada se consigue en la vida sin esfuerzo. Y la suerte es algo a la que se la ayuda con la disciplina diaria. Al final, conseguirás algo. Puede que no sea el trabajo de tus sueños en una multinacional o el puesto al que aspiras, pero si no paras de trabajar, nunca tendrás que preocuparte de no tener medios con los que ganarte la vida y ser independiente. Eso es así a pesar de crisis y a pesar de los pesares que puedan venirte en el futuro.
7. ¿Y a un profesional de tu sector?
El mismo que a un recién licenciado. Tener trabajo hoy no garantiza nada para mañana. Hay que mantenerse activo, aprender nuevas cosas, reciclarse, desarrollar habilidades diferentes y tener una visión a largo plazo.
8. ¿Qué dicen tu familia y amigos de tu trabajo?
Es curioso, porque gran parte de mis amigos son traductores, así que saben perfectamente qué es lo que hago. Los que no lo son… digamos que ya me encargado de que sepan a qué me dedico
. En general, entienden muy bien cómo es mi actividad y qué supone, aunque a veces les sigue costando que haya ocasiones en las que tenga que llamarles a última hora para decirles “no puedo quedar contigo hoy porque me ha surgido esto”.
Respecto a mi familia, creo que tienen una visión relativamente nebulosa de lo que hago. Creo que piensan que hago algo así como “traducir libros”. Y no les echo la culpa. Cuando empecé a trabajar en esto, me dediqué durante mucho tiempo a traducir manuales de informática y programación, así que esa es un poco la visión que les ha quedado de mi trabajo.
9. Cuando no estás trabajando, ¿qué haces? :O
Leo, navego por Internet, veo series (muchísimas) y cine, juego a videojuegos, hago deporte (me encanta el bádminton y la natación) y viajo todo lo que puedo. No tengo aficiones que se salgan de lo habitual y en ese sentido soy bastante normalito, aunque este año estoy intentando hacer cosas nuevas para salir de la rutina, como hacer submarinismo o esquí.
10. ¿Cómo te ves dentro de 10 años?
Traduciendo… o haciendo algo completamente diferente. No creo que vaya a jubilarme traduciendo, porque todos los sectores tecnológicos (y el nuestro lo es, no nos engañemos) cambian muchísimo en muy poco tiempo. Facebook y Twitter son lo más cotidiano del mundo, pero en 2007 nadie los conocía. Creo que con la traducción va a pasar algo similar: ya hay señales de que la traducción va a cambiar mucho en el futuro (la posedición viene para quedarse, las plataformas de traducción en línea ya son una realidad, etc.). Eso quiere decir que, igual dentro de unos años, no es rentable traducir tal y como lo hacemos ahora, por lo que tocará renovarse… o dedicarse a otra cosa, que para mí es lo mejor del mundo. Cuando llevo mucho tiempo haciendo lo mismo, me aburro y empiezo a buscar cosas nuevas que hacer, así que imagino que, igual dentro de diez años, estoy haciendo algo completamente diferente: dando clase en una universidad o de español para extranjeros, investigando… o de reponedor en un Mercadona. Tampoco se me van a caer los anillos
.
11. Para quién esté pensando en crear su propio blog, ¿qué le dirías?
Un blog es como un perro: son muy bonitos, pero hay que cuidarlos y gestionarlos es una gran responsabilidad. Cuando escribes, estableces una relación con tus lectores y, si ellos dedican un tiempo precioso a leer las tonterías que escribes, lo menos que puedes hacer para darles las gracias es seguir publicando tonterías (eso sí, de calidad) de una forma medianamente regular. Es un consejo que debería aplicarme a mí mismo, porque no publico con la frecuencia que me gustaría. En definitiva, creo que es importante imponerse una disciplina propia: publicar una vez a la semana, al mes, cada tres meses… Lo que sea, pero cumplirlo, para que tus lectores sepan que cuidas de ellos.
Y dicho esto, ahí van mis nominados:
- Letras de sastre: de Rai Rizo, porque es muy raro encontrar un blog en el que todas sus entradas me hagan quitarme el sombrero y releer el texto para sacarle el máximo partido.
- La prueba de lo ajeno: de Nieves Gamonal, porque me encanta su estilo de contar una historia personal para llegar al grano y por su atención al detalle casi enfermiza.
- Sé lo que traducistes: de Álvaro Blink, porque es un vago que ya no escribe y a ver si capta la indirecta.
- Localización y testeo con Curri: de Curri Barceló, un ejemplo de que calidad y visibilidad no siempre van de la mano y, siendo bastante conocida, debería serlo más por su excelente conocimiento de los sectores de la localización y testeo de videojuegos.
- Méteteme: de Jordi Balcells, uno de los mejores expertos que conozco en localización, ingeniería y tecnología en general. Quienes le abruman (abrumamos) a base de dudas sobre herramientas de traducción a través de Facebook y Twitter, estarán de acuerdo conmigo.
- Melodía de traducción: de Jose Manuel Manteca, que comparte el podio con Jordi en el campo tecnológico y, aunque lo incluya después de él, comparten primer puesto en este campo.
- El blog de Mox: de Alejandro Moreno-Ramos, que nos hace reír a carcajadas con verdades como puños sobre nuestra profesión.
- Diario de un futuro traductor: de Ismael Pardo, que gana el premio al “actor revelación”. El título de su blog me parece especialmente inspirador, porque nos recuerda que no podemos dejar de trabajar a diario para llegar a ser ese futuro traductor ideal al que todos aspiramos.
- Nobody’s Perfect: de Carla Botella, por combinar de forma excelente en este blog su experiencia docente y traductora.
- El taller del traductor: de Elizabeth Sánchez León, porque me alegra que haya vuelto uno de los grandes clásicos.
- De traducciones y otras rarezas lingüísticas: de Eugenia Arrés, porque me gustaría que volviera el blog de una enorme profesional y otro ejemplo más de como valía profesional (y personal) no van asociadas a “fama”.
Y estas son mis preguntas para este pedazo de torpedos:
- ¿Qué es lo más raro y lo más bonito (o que más te ha gustado) de todos los proyectos que has hecho hasta ahora?
- ¿Eres traductor por vocación o simplemente te parece un trabajo más? ¿Qué te hizo decidirte por esta carrera?
- ¿Cuál es tu opinión sobre el dilema “visibilidad vs. profesionalidad”?
- ¿Qué opinas sobre las asociaciones de traductores? ¿Cuáles serían sus puntos positivos y negativos?
- ¿Te atreves a hacer alguna predicción sobre el futuro de la profesión?
- ¿Cuál es tu campo favorito y por qué?
- Hay quien opina que la crisis no ha afectado a nuestro sector, mientras que otros sí lo han notado. ¿Cuál es tu opinión?
- Si, en lugar de traductor, pudieras dedicarte a cualquier otra cosa, ¿qué profesión elegirías?
- ¿Trabajas desde casa o tienes alguna oficina/cafetería/lugar favorito?
- ¿Tienes mascotas?
- Un lugar para descansar

Cuando digo que España es territorio hostil para emprendedores en general y autónomos en particular, no suelo pensar en las quejas más habituales: cuotas de la Seguridad Social estratosféricas, pago de IVA de facturas impagadas, etc. A pesar de lo que podáis pensar, nuestro sistema no es tan malo como parece.
En lo que respecta a las cuotas de la SS; el problema no es tanto cuánto pagamos (en comparación, la proporción que paga un asalariado y un autónomo es similar), sino cuándo lo hacemos. Pedirle a alguien que acaba de iniciar su actividad que pague unos 250 euros al mes es de idiotas, además de fomentar la actividad en negro y la mortalidad empresarial. Algo que se solucionaría con un sistema elegante como el británico: tarifa plana al mes reducida para garantizar una cobertura sanitaria básica y una parte variable en función de los ingresos para optar a una pensión de jubilación. Si ganas poco, tienes margen para vivir y consumir (lo que, no lo olvidemos, es bueno para la economía, pese a quien le pese). Si ganas mucho, pagas más en proporción y contribuyes al sistema. Todo el mundo gana.
El otro gran problema, el del IVA, va camino de solucionarse. No es que crea en el programa del PP (aunque la calidad del papel en el que está impreso lo hace ideal para ciertas urgencias). Sin embargo, en este país cada vez va a haber menos empleados y empresas, mientras que el número de autónomos va a subir por necesidad. Antes o después, algún partido tendrá que escuchar (si quiere tener alguna oportunidad de ganar las próximas generales) una de las pocas cosas en las que todos los integrantes del colectivo autónomo estamos de acuerdo: criterio de caja para el pago del IVA. O dicho de otro modo: abonar únicamente el IVA que se haya cobrado (y que el Estado se pelee con los impagos).
No amiguitos. Hoy vamos a centrarnos en el funcionamiento interno de la administración. O más específicamente, en cómo a los autónomos se les considera automáticamente defraudadores en lugar de contribuyentes. Y para que sirva de muestra, ahí va mi historieta.
La batallita
El pasado mes de marzo, un antiguo cliente británico se puso en contacto para la traducción de una web al español. La cosa pintaba muy bien: tarifa de cliente directo, proyecto sencillito y pago por adelantado. Entregué el proyecto y la factura. Como no es un cliente con el que trabajo todos los meses, le pedí que me confirmase su número de identificación a efectos de IVA (o VAT number). Como ya sabéis, cuando se factura a clientes de la Unión Europea, la factura solo está exenta de IVA si se emite a un cliente inscrito en el registro de operadores intracomunitarios. Para más seguridad, comprobé que el número era correcto en el VIES. Luz verde, así que envíe la factura sin IVA y encantado de haberle conocido.
O eso creía yo. Hace unos días, recibí una carta de la Agencia Tributaria, en la que se me indicaba que el número de identificación a efectos de IVA de uno de mis clientes extranjeros era incorrecto. Adivinad de quién: el cliente inglés de marras. “Probablemente un error al emitir la factura”, pensé, así que me puse a comprobar el mensaje en el que me había pasado el número de IVA. Era correcto, pero incluso así decidí comprobarlo de nuevo en el VIES. Luz roja. ¿Cómo?
Si haces una comprobación en el VIES y te confirma que un número de IVA es correcto y al mes siguiente te dice lo contrario, la única posibilidad es que el cliente se haya dado de baja. Me puse en contacto con el cliente y me juró y perjuró que seguía inscrito y activo como empresa. Descartada esa posibilidad, consulté con el oráculo fiscal: mi asesora. Si esa era la situación, solo había tres posibilidades:
- Acreditar que la empresa de mi cliente estaba inscrita en el ROI (algo que, según el VIES, no era así).
- Conseguir algún documento del cliente que acreditase esa situación (el cliente me ha enviado una copia de su certificado de inscripción en el ROI… en inglés, por lo que Hacienda no está obligada a aceptarlo)
- Pagar el IVA correspondiente al importe de la factura original más un recargo del 20 % (¿!?).
A menos que ocurra un milagro, me tocará pagar unos 150 €. No es mucho dinero, pero lo más molesto no es tener que aflojar la mosca (que lo es), sino la sensación de imbécil que te queda ante Hacienda. Sin mencionar que, como autónomos, pringamos de una forma u otra con el sistema actual: como recaudadores de impuestos, como financiadores del estado y como sufridores de los fallos de diseño de los métodos de tributación.
Una propuesta constructiva
Criticar a Hacienda y afirmar que el diseño del sistema fiscal para autónomos es una locura no es sino remarcar lo obvio, así que vamos a hacer una propuesta de mejora del sistema actual (Igual Montoro sigue este blog y se inspira, nunca se sabe). Tanto el problema que os he contado hoy como muchos otros se solucionarían con un servidor centralizado de facturación, algo que está al alcance incluso de la inepta administración española. La identificación se podría llevar a cabo mediante certificado digital o eDNI. Respecto al tipo de factura, solo habría que elegir entre un catálogo de modelos ya existente: por ejemplo, cliente nacional, intracomunitario o extranjero. El sistema calcularía automáticamente las retenciones de IVA e IRPF, por lo que eliminaríamos la necesidad de liquidaciones trimestrales, declaraciones informativas e incluso la declaración de la renta. Respecto a los gastos, podrían acreditarse introduciendo las cantidades correspondientes en el formulario de turno y adjuntando factura escaneada como prueba.
Obviamente, la implementación del sistema tendría un coste, pero puestos a colaborar, estaría encantado de redirigir la cuota que le pago a mi asesora a la administración tributaria. Todo sea por el país. ¡Qué demonios! Ni siquiera eso sería necesario. El nuevo sistema podría financiarse redirigiendo los fondos que se destinan a la inspección y control del papeleo actual. Sin mencionar lo que podría ingresarse vía prevención del fraude fiscal (porque asumo que aquí todos queremos pagar lo que debemos para tener asistencia sanitaria, policías de tráfico y flores en los jardines públicos). Igualmente, el nuevo sistema ofrece muchas otras posibilidades. Por ejemplo, haría más sencilla la implementación de la “cuenta tributaria”, lo que a su vez facilitaría la aplicación del criterio de caja en el IVA y la situación de los profesionales sujetos a impagos de la administración. También se mejoraría la productividad de los autónomos: no tendríamos que mantenernos al día de los cambios en la legislación tributaria, se facilitaría la labor de emisión de facturas y no estaríamos obligados a tener que pagar un asesor (puede que abonar 40 euros al mes no os parezca demasiado, pero con lo ahorrado se podrían pagar casi dos cuotas de la Seguridad Social).
Política-ficción
Soy consciente de que vivimos en un país llamado España. Lo anterior o un sistema que tan solo se pareciera en un 1 % a lo descrito tiene pocas posibilidades de prosperar por muchos motivos: la administración se financia a costa de muchos autónomos (y el sector se encuentra demasiado atomizado como para conseguir cambios efectivos), las grandes empresas presionan para mantener el sistema actual (una mayor complejidad normativa favorece a quienes tienen a su disposición abogados que pueden sacar partido a los rincones oscuros del sistema) y no hay que desdeñar la presión por parte de sectores tradicionales como abogados, economistas y graduados sociales (que verían mermar considerablemente sus ingresos con cualquier medida orientada a la simplificación del sistema fiscal).
A pesar de que el panorama no sea favorable y que el futuro pinte de todos los colores menos el verde, no nos queda otra que seguir presionando. Si se consiguió que se implantase algo como el paro para autónomos (aunque costara mucho tiempo y el resultado fuera algo bastante imperfecto), queda algo de esperanza para pensar que puede mejorarse el sistema y evitar sufrir este tipo de situaciones a la que todos estamos expuestos.



